miércoles, enero 2

ORHAN PAMUK. Me llamo Rojo

Quizá ya os hayáis dado cuenta: para los hombres como yo, o sea, para los melancólicos que convierten el amor y el dolor, la felicidad y la miseria en simples excusas para una eterna soledad, en la vida no hay ni grandes alegrías ni grandes tristezas. No quiero decir que no comprendamos a los demás cuando susu espíritus se alteran con tales sentimientos; justo al contrario, comprendemos de sobra la profundidad de sus sentimientos. Lo que no entendemos es el extarño desasosiego en que se hunden nuestras almas en esos momentos. Esa silenciosa inquietud que oscurece nuestars mentes y nuestras almas ocupa el lugar que deberían ocupar la alegría y la tristeza.